Wednesday, November 18, 2009

IMPRESIONES




VIDA

Despues de todo, todo ha sido nada,
a pesar de que un día lo fue todo.
Después de nada, o después de todo
supe que todo no era más que nada.

Grito "¡Todo!", y el eco dice "¡Nada!"
Grito "¡Nada!", y el eco dice "¡Todo!"
Ahora sé que la nada lo era todo,
y todo era ceniza de la nada.

No queda nada de lo que fue nada.
(Era ilusión lo que creía todo
y que, en definitiva, era la nada.)

Qué más da que la nada fuera nada
si más nada será, después de todo,
después de tanto todo para nada.

José Hierro, "Cuaderno de Nueva York"

Monday, November 16, 2009

LA NOCHE


¿Qué me resguardará en la noche?
Ahí hay uno, en el portal, durmiendo en unas cajas. Sólo el calor de unos cartones. Está solo. Olvidado de todos. Tiene frío, pasa hambre. Tiene miedo. Su vida es ese momento alegre del vino, cuando se ríe de todo ¿qué más da? No habla con nadie (le separa un abismo de ellos: no le ven). La enfermedad y la muerte acechan. La miseria le come. Hiede. Da asco. Vive el momento como una lucha por sobrevivir. Quizás ha perdido ya la razón y vaga desorientado. Es humano, como yo.
¿Qué le resguardará en su noche? Yo estoy aquí arriba y me voy a acostar. No tengo hambre. Cené bien. La habitación es amplia y confortable. He escuchado un poco de música y estoy cansado. He trabajado mucho y no he tenido tiempo apenas para respirar. Tengo muchas cosas que hacer mañana. He perdido la alegría y reniego de mi vida. Pienso qué me resguardará en la noche y pienso en ese hombre que no tiene lo que yo tengo, en ese hombre que no tiene nada y a veces me sonríe.

Friday, November 13, 2009

EL HOMBRE DEL PIANO



El concierto de Brandford Marsalis en Sevilla. El saxofonista exhibió todo un repertorio de formas de interpretar el jazz. Fue un concierto lleno de fuerza y genio. Pero para mí el descubrimiento de la noche fue el pianista, Joey Calderazzo.
No lo conocía. Es percusivo y rítmico pero hay un romanticismo profundo en su forma de tocar. Disfruté escuchando al Cuarteto (que se comporta como una máquina bien engrasada) pero disfruté sobre todo los solos de este músico desconocido, al que a partir de ahora seguiré como admirador.



He buscado sus grabaciones en You Tube. En la que antecede a estas líneas se parece al que toco con Brandford Marsalis la otra noche. Hace unos años, en un concierto en Monte Fuji, aparece mucho más joven, risueño, junto al bajo John Pattitucci (miembro del grupo de Chic Corea) y a Peter Erskine a la batería. En un momento de la filmación aparece un turista especial, grabando con su cámara: es Michael Brecker, quizá el mejor saxofonista de su tiempo. Fundador de Steeps Ahead, precisamente con Peter Erskine y que no sólo descubrió a Joey, sino que fue su mentor en el mundo del jazz y editó sus primeros discos. En el Monte Fuji. Junto a los dioses. La juventud huye, se escapa. El pianista de hoy no es el de hace unos años. El pelo ha encanecido y hay un algo dramático en su música y en su porte.



¿Qué ha pasado por la vida de este hombre en estos años? ¿Qué ha pasado por mi vida en estos años?

Tuesday, November 10, 2009

EL MURO QUE NOS UNE

Para Pilar, que me lee.



Apoyé mis manos en el muro. A mi lado un ortodoxo cantaba en voz baja, moviendo rítmicamente el cuerpo, porque ellos rezan con todo el cuerpo. No entendía su canto. Estaba un poco asustado, allí, como ocupando un lugar que no era mío, como un extraño invadiendo la intimidad de esas personas con su Dios. Llevaba en el bolsillo mis peticiones, para colocarlas entre las piedras (como un buen turista, hacía lo que se hace). Entonces me dí cuenta de que sólo hay un Dios, un Dios que entiende todos los idiomas. Y decidí unir mis intenciones, mis buenos deseos para la Humanidad, a ese que a mi lado se balanceaba cantando. Me uní a él (de otra religión, de otra cultura, de otra nacionalidad, pero hombre como yo) en una oración ecuménica. Porque no creo en las fronteras y quiero que desaparezcan todos los muros.
Allí rezamos los dos (sin conocernos) al mismo Dios que a todos nos conoce. Y a ese Padre común, que nos hace hermanos, dejé mis mensajes. Sé que ellos (que me dejaron entrar en su intimidad) respetan como santa mi relación con ese Dios de todos. Y que mis mensajes se retirarán y enterrarán en tierra santa, con el respeto de algo sagrado.
¿Qué es Dios para mí? Es algo que dentro de mí decidió no rezar, algo que decidió unirse a lo que el otro rezase. Algo que en mí renuncia a imponerse. Algo que en mí comprende y desea unirse al otro. Algo que se reconoce infiel, con tal de ser fiel a algo más humano.

Monday, November 09, 2009

ESTEBAN MORRÁS: EL LOCO DE LOS MOLINOS DE VIENTO

Estoy triste. Estoy en uno de esos momentos en que uno se pregunta si merece la pena todo esto. Si no sería mejor tirar por la calle'n medio, como dicen por el Sur. Irse, como se ha ido alguno de mis amigos. Irse, como yo me fui casi alguna vez.

Ese es el tono vital ahora (no se porqué, así toca). Y hay que pasar por esto. Y pienso en don Quijote, nuestro héroe. En su viaje de vuelta, derrotado. Cuando volvíamos el otro día, nosotros, de Tiera Santa, en el avión, a mi lado, en el asiento junto a la ventana, había un chico arrebujado, dormido, uno de esos muchachos jóvenes que llenan ahora los vuelos baratos. Esos con pantalones caídos que van enseñando el calzón. Minutos después del despegue, con cualquier excusa, entabló conversacíón. Tenía una sonrisa un tanto somnolienta. Me dijo que era judío (religión judía, no confundir con nacionalidad). Chileno. Hablamos de Allende. No conocía su discurso radiado, el mismo día de su muerte, cuando profetizaba que más pronto que tarde volvería la libertad a pasearse por las Alamedas. No conocía ese tiempo. Alabó el trabajo de los de Milton Friedman y la economía emergente de su patria. Todo era previsiblemente triste. Se llamaba Nacho (después de anunciarlo me preguntó mi nombre). Un chico encantador. Inaccesible, como perteneciente a un mundo vedado para mí. Pero, ya a punto de claudicar en mi intento de conectar con él, resultó que Nacho era Cervantino: el Quijote era su libro de cabecera.




Y hablamos de Alonso Quijano. Coincidíamos en admirarle, porque el de verdad veía gigantes y se lanzaba contra ellos, con el mismo valor que si hubieran sido de verdad. No lo eran. Ahí la broma, el ridículo. Pero ¿qué importa? Para él eran gigantes y su valor era del mismo tamaño que su miedo.
Y a eso vengo. Al miedo. Ese miedo mío me convierte en héroe. Sea del tamaño real que sea lo que me asusta. Yo lo enfrento (corazón encogido) y apuesto la vida por ser un caballero. "Por delicadeza he perdido mi vida". Por responder a un código de honor. Y cuanto así me cuestionaba las cosas, encontré al otro día, en los períodicos, un cuento sobre otras aspas, otros molinos.



Era la historia de otro héroe: Esteban Morrás, ese chico de Sesma, mi compañero de carrera en Pamplona. Un navarro (como yo) que resulta que ha hecho historia entre los empresarios españoles. Uno que ha triunfado. Sembró de molinos nuestra tierra natal. Y luego supo vender su sueño a medio mundo. Vendió EHN a Acciona y desde allí convirtió esta inmobiliaria en una potencia de las energías renovables. Ahora deja su puesto de Director Gerente de Endesa y vuelve a su tierra, quizás para presidir Osasuna.

Mi compañero. Veo su foto y es el mismo, la misma cara noble de hombre cabal. Navarro sin ninguna duda. Leo las reseñas: ha dado una lección de gestión ética de los negocios. Y me siento orgulloso de este compañero, de este compatriota, que se retira, después de poner en marcha un mar de gigantes en Navarra y en medio mundo.



Como todos los audaces (como don Quijote) las hazañas de Esteban nos cuestionan: ¿habré hecho en mi vida algo que merezca la pena? ¿me esforcé lo suficiente? Pero ya es tarde. Esteban se jubila y a mí me faltan muchos años. Él ha hecho historia y yo sigo con estos expedientes minúsculos, con la rutina diaria, insistiendo en el hastío. Nada heróico. Nada comparable a Esteban, ese compañero mío (que fue siempre uno más, inadvertido). Una vida sin épica.

Como Alonso Quijano, me ha llegado la hora de ver las cosas como son: en el lecho de muerte don Quijote se hace consciente del ridículo que ha protagonizado. Se creyó un héroe pero en realidad ha sido un payaso. La lucidez convierte todo en tontería. Pero cuando leo su muerte, quisiera decirle: "No estés triste: has sido un valiente, tu valor ha sido de verdad, creíste en lo que hacías, creíste en tu Dulcinea, esa que para tí era la más bella...fue real, fue verdad, no te mueras renegando de lo que hiciste, no te sientas ridículo. Has sido, secretamente, un héroe como los que admirabas".

Friday, November 06, 2009

TRABAJAR SOBRE LA RAÍZ



Leo a Lao Tse. "Los sabios minimizan sus asuntos, que así están en orden. Intentan tener poco, y así tienen suficiente; son benevolentes, sin pretenderlo, se confía en ellos sin hablar. Ganan sin buscarlo, triunfan sin luchar. Toman a pecho la naturalidad, preservan la realidad esencial, aceptan el Camino y promueven la sinceridad...Sobre lo que trabajan es sobre la raíz". La raíz es el centro, el lugar-refugio de la paz siempre disponible.

Debo volver a Wen-Tzu. Hoy -tan sólo para este fin de semana- voy a enunciar mis intenciones. Livianamente. En medio de la lucha entre el sentido y el sinsentido que acontece. Estoy en abandonar cada día el intelectualismo. Estoy en dejar que el Camino actúe, que las cosas vayan sucediendo, que la gente vaya evolucionando por sí misma. Estoy en echar la caña y esperar a los peces que piquen. Manteniendo -de buena fe- un deseo constante de ayudar (al menos de no hacer más daño), fracasando una vez y otra en mi propósito de escuchar a los demás (de no escucharme sólo a mí mismo), de confiar en el talento de los otros. Estoy en la resignación de hacer y deshacer propósitos, con la misma ligereza, y sonreir ante mis limitaciones (cada vez más consciente de ellas). Con fe en la existencia de un diseño en todas estas cosas, cuyo dibujo se me escapa.

Tener poco me parece una ventaja. Para conservar el sentido de lo esencial que quizás sea ese tiempo compartido. Regresar una y otra vez a esa esencia. Fiel a la disciplina de lo femenino, como dice Lao Tse. Deslizándome suavemente, en la cadencia de dar y recibir. Siempre inexperto. Ignorante. Frívolo o profundo, jugando, riéndome, abrazado a todos los afectos. Intenciones. Livianamente.

Tuesday, November 03, 2009

VIVIR HASTA DESPEDIRNOS

Para Paco, con amor.


Volvíamos de Tierra Santa cuando nos dieron la noticia. Maria Eugenia ha muerto. Yo no había experimentado nada especial ante el sepulcro: la resurrección seguía siendo sólo una palabra incomprensible. Y fue aquí, en tu funeral, cuando lo sentí: el amor no muere. "Vivir hasta despedirnos". Eso es lo que hiciste. Hasta el final. Vivir. Con una condena que nos hiciste olvidar muchas veces. Lo importante es si hay vida antes de la muerte, y tú la viviste con aquellos a los que querías, con un empuje y una fuerza que nos dejó siempre descolocados.



Sí sentí a Jesús: allí junto al lago en que vivía con sus amigos pescadores. Gente sencilla, nada sofisticada, gente ruda, trabajadores. Esa era su patria, ese perfil de montañas, ese reflejo de plata del sol al amanecer, eran los lugares en que pensaba en la cruz. Los lugares de la amistad y de la alegría. También Maria Eugenia tenía sus lugares, lugares de vida donde sigue estando (nunca en un cementerio).
Dicen que Jesús se apareció a los suyos junto al lago. En el lugar donde solía encontrarse con ellos. Los pescadores experimentaron su presencia junto a la orilla, al comer pescado y pan con un forastero que tenía sus mismos gestos, que les hacía revivir por dentro algo que habían compartido con el que murió. "Es él", dijo al oído de Pedro el discípulo más joven (sólo la juventud se atreve a decir locuras).



Pero -de alguna forma- es verdad que era él. Porque los que se van siguen con nosotros para siempre y se nos aparecen de pronto, en la calle, en esa mujer que sonríe como ella o lleva su mismo pelo, en ese plato que le gustaba, en esa frase suya que alguien dice, en el papá que espera con el niño agarrado al cuello. Todos estamos conviviendo con ellos y ellos nunca mueren: viven junto a nosotros.


Epílogo solo para locos: Lo demás es misterio. El misterio de nuestra memoria y la memoria de Dios. Dios -si existe- lo recuerda todo de cada uno de sus hijos e hijas, tan nítidamente que ese recuerdo cobra vida. Dios tampoco olvida su amor: sigue amándonos, y en su amor -de alguna manera misteriosa- puede que nuestra identidad perdure. Y en su amor puede que ese holograma venga a nuestro encuentro un día, para darnos la mano y ayudarnos cruzar al otro lado. Entonces nos abrazaremos y ese sueño de amor (Dios es un gran guionista) tendrá un final feliz...